TRANSPORTANDO EMOCIONES

Es cierto que para muchos de nosotros el manejar en carretera nos causa cierto grado de angustia y para otros más esto es motivo de placer, de una sensación de libertad.  Igualmente si la carretera es con curvas, para algunos la tensión aumenta y  en otros el disfrute.

Ahora, que tal y no solo manejamos en curvas, sino también de pronto aparece frente a nosotros un espeso banco de niebla.

Entonces, si entro en angustia estoy ante un reto: respirar profundo soltando todo el aire para regresar a mi centro, desde donde si puedo enfrentar sin dificultad esta situación, reaccionando adecuadamente bajando la velocidad,  activando las luces (si venían apagadas) y las luces de emergencia, mirando hacia atrás para percatarme de la aproximación posible de que algún otro vehículo. Estando en mi centro, estoy al mando. La atención se agudiza y las reacciones a alguna curva u otro vehículo al frente son prácticamente inmediatas y asertivas.

Ciertamente la angustia generada por este tipo de situaciones puede estar relacionada con un antiguo temor a lo desconocido. Esto lo podríamos plantear con una frase:

 Ya me desesperé y la neblina ahí sigue. No salgo a lo claro.

Asocio con lo incierto de la vida. Si para salir del pánico por incertidumbre del futuro tomo bajo mi control los factores reales, mirando el presente, entonces regreso a la tranquilidad. Entonces ya no me paralizo. De ahí la importancia de respirar profundamente. La respiración me conecta con el presente y dejo de mirar lo que no es, un futuro que puedo proyectar, pero no vivir por adelantado. Me ubico en el aquí y en el ahora.

Puedo extrapolar esta experiencia a mi vida cotidiana y planear mi futuro, actuando en el presente. Esto me regala una sensación de seguridad y certeza.

¡ Buen viaje!

Psic. Antonio Magaña G.