TRANSPORTANDO EMOCIONES

En conductores de autos, ¿Las mujeres los prefieren deportivos y los hombres las prefieren dispuestas al riesgo?

La respuesta para la pregunta completa  puede en algunos casos ser afirmativa. Exploremos acerca de ello. Lo siguiente es solo una propuesta de análisis, sin que represente en ningún momento una realidad completa o repetible.

Un auto deportivo ofrece entre otras, dos características relevantes; dispone de un motor de alta potencia para desarrollar velocidades elevadas desde el arranque y otra más es que dispone de una amplia gama de adecuaciones orientadas a minimizar los riesgos de la alta velocidad.

Imaginemos que es un hombre el que conduce un auto de este tipo. Para él, hay un pensamiento implícito: “Yo me arriesgo pero controlo ese riesgo”.

Pongamos imaginación a este panorama y pensemos que él anda en plan de conquista e invita a una mujer a subir a su flamante artefacto. La mujer accede quizás a probar la velocidad y responde al pensamiento de él con el suyo: “El me invita y me promete controlar los riesgos”.

Dicho de esa manera, ambos entran a una relación bastante cargada de adrenalina. El hombre se emociona ante el doble reto: Conducir con riesgos calculados y demostrarle a la mujer que es capaz de controlarlos, convenciéndola que se entregue a experimentar la alta velocidad, donde él está a cargo.

De esta manera quedaría establecida para esta vivencia una profunda relación de interdependencia a nivel emocional del momento: “Yo hombre demuestro que soy capaz de enfrentar  peligros y salir a salvo juntos”  El recibe la gratificación de ser aceptado. Y ella podría concluir que es ella quien es testigo de que él controla la situación y podríamos cuestionar también si a ella arriba el pensamiento de que sería incapaz de hacer algo de ese nivel de riesgo.

Ahora imaginemos que eta situación de conquista se prolonga hasta el ser pareja. Ahora él es emprendedor y ella lo acompaña; esto es, ella sigue siendo testigo de los riesgos que él corre. Vamos más adelante en nuestra imaginación de situaciones que sí pueden darse en la realidad. AHORA ELLOS TIENEN HIJOS. En ese caso, ahora juntos experimentarán entre otras más, una transformación en su relación. Ella le propondrá tal vez que ya no cree riesgos afuera y que el espíritu emprendedor lo canalice a la creación de un patrimonio con la misma actitud audaz de aquellos tiempos en que eran novios.

Todo esto nos remite a identificar un elemento en común de toda esta esta historia:  

 La seguridad, que en sí misma nos viene desde nuestro instinto de conservación, cuya manifestación varía de persona a persona, así como en su forma, ya sea en un extremo retando a través de la extroversión o siendo muy cauteloso, como en la introversión.

Psic. Antonio Magaña G.