TRANSPORTANDO EMOCIONES

 Si desafortunadamente me enfrento a una situación así y me encuentro físicamente bien y nadie resultó tampoco afectado, es decir, nadie salió lesionado, es una situación por mucho, más frecuente que cuando alguien resulta afectado físicamente.

En ese caso, lo primero y mejor que puedo hacer es mantener la calma, apoyándome en un simple proceso físico: Respirar profundamente.

Es claro y hasta obvio que para respirar profundamente es necesario jalar aire y soltarlo plenamente. Esto que es muy claro en una situación “normal” viene a ser limitado cuando entramos en angustia debido al evento del choque, que es siempre algo inesperado y por supuesto indeseable.

Ninguna situación es igual, pero sí existen algunos comentarios que se pueden aplicar en general.

El primero de ellos es que el evento del choque rompe con nuestra perspectiva del día y así entramos en un momento de angustia, de miedo. Dado que el miedo nos lleva  de forma inmediata a contener la respiración, aquí es donde podemos tomar conciencia de ello y afrontarlo de una forma efectiva: Abrir bien el pecho para jalar aire y soltarlo hasta vaciar completamente los pulmones. El hacerlo repetidamente unas 5 a 10 veces, nos permite afrontar la situación de una forma mucho más efectiva. Esto es lo que puede hacer la gran diferencia entre resolver el hecho o entrar en una espiral donde todo se complica si actúo por decisiones tomadas en medio del miedo. El respirar bien nos mantiene en el aquí y en el ahora, en el presente.

Entonces ya estamos en condiciones de evaluar la situación asertivamente, al bajarnos del vehículo y revisar las condiciones resultantes.

De la evaluación asertiva, vienen las decisiones y acciones pertinentes según el caso,  como dialogar en forma racional con algún otro conductor afectado, llamar al ajustador, reportar el hecho a las autoridades, llamar a una grúa, llamar a algún familiar de forma mesurada, etc.

Como en cualquier otro conflicto en la vida,  el “ubique” en la realidad depende del manejo del miedo y este manejo depende de nuestra respiración. Mientras mejor respire, más bajará la angustia.

Psic. Antonio Magaña G.